Los espacios naturales tienen una función de primer orden en la protección del suelo, en la regulación de los recursos hídricos y, incluso, del clima. Los beneficios ecológicos de este gran espacio natural que es Collserola tienen una repercusión directa sobre la salud de los millones de personas que vivimos a su alrededor.
Ciudad y naturaleza | Foto: Robert Peña

Por otra parte, los terrenos forestales (bosques, matorrales, prados y cultivos de árboles) son una importante fuente de recursos para la economía de un país. Además de la madera, y todo lo que se deriva, hay que tener en cuenta las setas, las plantas medicinales, las frutas, la caza, los pastos, etc. Todos son recursos renovables.

Finalmente, los espacios naturales son importantes lugares de ocio y un marco educativo esencial para una sociedad en la que la población urbana aumenta cada vez más. El parque es un lugar de encuentro, un lugar de arraigo de tradiciones, leyendas y costumbres populares; sin olvidar el valor estético que posibilita experiencias positivas de contacto con la naturaleza, de desarrollo artístico, de descubrimiento.

Así pues, podemos hablar de tres grandes funciones de los espacios naturales: ecológica, productiva y social.

Los bosques cercanos a las ciudades liberan oxígeno (O2) y fijan el dióxido de carbono (CO2), filtran las partículas de polvo y amortiguan el ruido. Además, regulan y purifican el agua, y las corrientes de aire más frescos del interior del bosque ayudan a disipar el calor y la contaminación producida por las industrias, las calefacciones y los automóviles.

Las principales funciones ecológicas de los espacios forestales son:

Regulación del ciclo hidrológico

las plantas retienen el agua de la lluvia y la liberan lentamente, frenando el riesgo de inundaciones. Por lo tanto, los bosques son unos reguladores de los recursos hídricos, y por extensión, del clima.

Los bosques almacenan y purifican el agua. Cuando el agua transpirada por el bosque entra en contacto con una masa de aire frío, se condensa y forma nieblas y nubes. Estas nieblas pueden dejar precipitaciones importantes. Está comprobado que llueve más en las zonas boscosas que en las deforestadas.

La vegetación absorbe los nutrientes de los residuos orgánicos del agua, que no son tóxicos para las plantas, y de esta manera la vegetación ayuda a reducir la contaminación y mejorar la calidad de las aguas.

En los ecosistemas forestales mediterráneos hasta el 90% del agua de lluvia puede devolver a la atmósfera por evapotranspiración, es decir, la suma de la evaporación del agua que ha mojado superficialmente la vegetación y el suelo, y de la agua que, una vez en el suelo, es absorbida y transpirada por las plantas. Así, un árbol puede evaporar 5,7 litros de agua / hora.

Reducción de la erosión

La vegetación tiene un papel esencial en la retención del agua de lluvia y en la protección del suelo. Las raíces de las plantas protegen el suelo de la acción erosiva del agua y previenen los deslizamientos de tierras, al tiempo que evitan o reducen los efectos negativos de las riadas.

Un suelo sin vegetación corre el riesgo de degradarse por la fuerza del agua, sobre todo en las regiones mediterráneas, donde las lluvias pueden ser torrenciales y llevarse grandes cantidades de tierra.

Calidad del aire

Los bosques son unos regeneradores importantes del oxígeno que respiramos, al mismo tiempo retienen el dióxido de carbono atmosférico. También filtran las partículas en suspensión y retienen el polvo, lo que resulta de gran importancia en las áreas urbanas rodeadas de bosques o parques, donde la cantidad de polvo es muy grande. El aire resultante es limpio y puro.

Las plantas, al alimentarse, transforman el CO2 y el H2O; el resultado de la reacción química son, por un lado, compuestos orgánicos (CH2O) y por otra, oxígeno (O2) que devuelve a la atmósfera.

La vegetación almacena el CO2, contribuyendo a minimizar el cambio climático al actuar como “vertedero” de este gas responsable del efecto invernadero. Así, un bosque absorbe de 3 a 15 toneladas de CO2 / ha y libera unas 5 toneladas de O2 anuales, la cantidad necesaria para que respiren 10 personas durante un año.

Collserola, pulmón verde | Foto: Robert Peña

Presencia de especies vegetales y animales

Los espacios naturales son la fuente de diversidad biológica y de mantenimiento de algunas variedades de plantas de uso humano tradicional. Estos espacios también son un refugio para animales polinizadores de cultivos, para los controladores de plagas agrícolas y para los diseminadores de semillas.

La diversidad biológica no se limita únicamente a las especies catalogadas. También se extiende entre las diferentes poblaciones de una misma especie que viven en la sierra y, finalmente, entre los diferentes individuos de una misma población animal o vegetal. Estas tres fuentes de variación son fundamentales para que las especies puedan sobrevivir y evolucionar positivamente ante los posibles cambios.

Las especies biológicas de Collserola no constituye solamente un potencial científico y cultural. La preservación de su diversidad es una condición necesaria para garantizar el futuro de los sistemas naturales.

Pantalla de ruido

El sonido local es determinado por la absorción de la atmósfera, la refracción y la dispersión de la energía sonora, que actúan en combinación desde el emisor hasta el receptor. Aunque la cantidad de energía sonora absorbida de esta manera por una sola hoja es muy pequeña, este mecanismo puede contribuir en gran medida a la atenuación del sonido por las plantas y las comunidades vegetales, ya que el número de hojas de un árbol adulto puede estar alrededor de 2 × 105. Así, un bosque puede llegar a tener un efecto de reducción hasta 20 o 30 decibelios, y, por tanto, funciona como pantallas acústicas que amortiguan los ruidos.

Vistas desde el Turó de Montcada | Foto: Archivo Parque

Regulación del microclima urbano

La presencia de espacios verdes en las ciudades, o de parques cerca de él, aparte de crear espacios con sombra, ayudan a atenuar las temperaturas extremas, tanto máximas como mínimas, ya que el material vegetal es muy poco eficiente como almacenador de energía calorífica, y enseguida intercambia calor con el entorno y refresca su entorno. Además, con el proceso de evapotranspiración, la vegetación aumenta la humedad ambiental. Todo ello, la vegetación en las ciudades ayuda a reducir el gasto energético de los espacios urbanos.

Vistas desde el Turó de la Magarola | Foto: Archivo Parque

La naturaleza es un recurso vital en la economía mundial. Los hábitats naturales y cultivos forman parte de nuestro paisaje y de nuestra vida, y los recursos que se pueden extraer son renovables (aunque no inagotables, si no se hace un abuso).

Tradicionalmente, se han tratado los espacios naturales como un lugar donde se explotaba el recurso de la madera, pero en zonas donde la producción de madera es baja o que tienen algún producto mucho más preciado, como por ejemplo las setas o las piñas, estos recursos pueden llegar a ser tan o más importantes que los recursos madereros.

Así, los espacios naturales nos ofrecen un gran número de recursos: terreno donde desarrollar la agricultura y los pastos, agua potable, madera para diversos usos, plantas medicinales, aromáticas y ornamentales, alimentos como las setas, frutas del bosque, etc. Hay que imponer unos criterios técnicos y unos métodos productivos que tiendan hacia un aprovechamiento de los recursos que resulte compatible con la conservación de los sistemas naturales.

Los espacios naturales son una parte esencial del patrimonio de la humanidad. Han proporcionado la oportunidad de vivir experiencias positivas a generaciones y generaciones. Durante los últimos decenios el aumento de la renta y del tiempo de ocio, y las mejoras en los sistemas de comunicación que han facilitado la accesibilidad, han colaborado para hacer que la oferta de servicios recreativos y culturales de los espacios naturales haya adquirido una importancia creciente en las sociedades desarrolladas.

Los aspectos más relevantes de la función social del Parque de Collserola son:

Valor paisajístico y espacio de descubrimiento.

Collserola es un gran espacio de ocio con un reconocido valor estético y un marco educativo esencial para una sociedad en la que la población urbana aumenta día a día.
Los espacios naturales han sido vehículo de inspiración y de curiosidad en todas las épocas. Se puede afirmar que afectan el estado de ánimo y espiritual de los visitantes. Son fuente de inspiración y desarrollo artístico, como lo demuestran las numerosas manifestaciones artísticas relacionadas con la sierra, presente en multitud de pinturas, poemas, fotografías…

También nos posibilitan experiencias positivas de contacto y vínculo con la naturaleza. Son el lugar de descubrimiento por excelencia y una oportunidad de aprendizaje. Los naturalistas y las asociaciones de estudiosos que han surgido en este territorio son una buena muestra.

Valores culturales

Durante siglos las comunidades humanas han creado fuertes lazos con la naturaleza que han tenido manifestaciones muy diversas, según los momentos históricos o las costumbres locales.

La naturaleza ha sido un lugar de arraigo de tradiciones, leyendas y costumbres populares:

“Aplecs” y romerías de larga tradición: Sant Medir, Sant Iscle, la Salud, el Rocío.
Leyendas, como la de Sant Medir o la del Gegant del Pi.
“Fontades”: El inicio del siglo XX marcó una época de gran arraigo de las comidas campestres como actividad popular en la sierra; por ejemplo los obreros de las fábricas, que buscaban un lugar saludable para compensar la actividad industrial. Se han encontrado alrededor de 250 referencias de fuentes en la sierra.
Asociaciones excursionistas con larga tradición de caminatas populares.

Al mismo tiempo, los espacios naturales son el lugar idóneo para el recogimiento, para poder disfrutar de la quietud o la soledad, escuchando los sonidos de la naturaleza o buscando el silencio.