A -- a

Gestión forestal

En este apartado nos centraremos en las tareas de:


Prevención de incendios

Cuando hablamos de prevención de incendios, la llamada «limpieza de bosque», la eliminación del sotobosque, es la medida preventiva que se considera, popularmente, más necesaria. Es un término poco afortunado, porque a menudo se confunde la vegetación densa y enmarañada del sotobosque, típicamente mediterránea, con la suciedad y el abandono. Para eliminar de manera generalizada el sotobosque, las talas se deberían hacer de forma reiterada y frecuente, porque las especies son básicamente rebrotadoras. Pero esto, además de suponer un coste económico bastante elevado, genera una cantidad de residuos vegetales difíciles de eliminar.


En el parque, en general, el control del sotobosque se limita a los márgenes de los caminos, en las periferias de las urbanizaciones y en las áreas de ocio, donde el riesgo de incendio es mayor. Son las llamadas franjas de protección, de las cuales se elimina el estrato arbustivo y un determinado número de árboles, a ambos lados de los caminos forestales, para reducir la masa de vegetación. El objetivo de las franjas de protección no es tanto llegar a detener el fuego como facilitar las tareas de extinción, ahorrando tiempo y consiguiendo más espacio para las maniobras.


Si bien es cierto que la reducción de la biomasa reduce la combustibilidad, también lo es que aumenta la inflamabilidad, es decir, la facilidad con que se puede encender la vegetación. Al eliminar la vegetación, disminuye la humedad relativa del aire y aumenta la luminosidad en la zona. Las nuevas condiciones ambientales favorecen la aparición de especies mejor adaptadas a la sequía, pero mucho más inflamables, como por ejemplo las plantas aromáticas.


Por la misma razón, tampoco se hacen cortafuegos. El cortafuegos puede convertirse en un corredor por donde el fuego avanza con más velocidad porque encuentra poco combustible y unas condiciones de inflamabilidad muy altas. Siguiendo el mismo criterio, tampoco se elimina toda la vegetación que hay bajo las líneas eléctricas de alta tensión, sino sólo la que supera la altura de seguridad.


Las actuaciones forestales después del fuego suelen ir acompañadas de una cierta controversia con relación a la conveniencia de sacar los troncos de los árboles muertos. En la sierra, tenemos buenos ejemplos de regeneración de la vegetación en zonas donde no se ha hecho ninguna intervención forestal. Por ello, la extracción de los troncos quemados no es una actuación prioritaria, y menos si tenemos en cuenta que esto obliga la avifauna forestal a desplazarse del lugar. Tengamos en cuenta que la regeneración del bosque se acelera gracias a la diseminación de semillas que hacen estos pájaros en ponerse sobre los árboles quemados.



Reforestaciones

La conveniencia o no de las repoblaciones es un tema que hay que considerar. En los años cuarenta se repoblaron muchas zonas de la sierra, sobre todo en la vertiente de Barcelona. En 1985 se llevó a cabo nuevamente un plan de repoblación, en total unas cien hectáreas, básicamente de pino piñonero (Pinus pinea).


Actualmente, las repoblaciones solo se hacen en las zonas quemadas que ya habían sido repobladas anteriormente. La buena regeneración natural que experimenta la vegetación mediterránea no hace necesaria la repoblación. Además, hay que tener presente que la gestión del medio natural tiene como prioridad el mantenimiento de la diversidad biológica y la conservación y la mejora del mosaico de paisajes existente en la sierra.


La vegetación de ribera es la comunidad vegetal que presenta más dificultades a la hora de recuperar los espacios perdidos, debido a la separación física entre torrentes, que hace difícil la recolonización natural de su hábitat. Por eso, en los últimos años se han hecho algunas plantaciones puntuales de vegetación de ribera.




Control de plagas


Respecto a los azotes forestales, cabe destacar la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa), que afecta cíclicamente a varias zonas de la sierra. Desde 1991, se hace un control anual del vuelo de machos adultos mediante trampas de feromonas. A partir de finales de octubre, únicamente cuando es necesario, se hacen tratamientos fitosanitarios en repoblaciones jóvenes y en las áreas más frecuentadas por los visitantes, como medida de prevención de los casos de alergia.


Periódicamente, puede haber una cierta incidencia del escarabajo perforador de los pinos (Tomicus destruens), del que se hace un seguimiento visual de la población. En las épocas de mayor incidencia, se talan y se retiran los troncos de los pinos afectados.


Al observar las encinas, nos damos cuenta de que algunas tienen parte del ramaje seco. Se trata de una enfermedad producida por dos especies de insectos homópteros (Kermococcus vermilio y K. roboris), que seca las ramas, pero que no llega a poner en peligro la supervivencia del árbol.


En cuanto a enfermedades, lo que se observa más fácilmente son los efectos del hongo Ceratocystis ulmi, causante de la grafiosis o enfermedad holandesa del olmo, que comienza secando las puntas de las ramas a partir de finales de primavera y puede llegar a provocar la muerte del árbol. Los transmisores de este hongo son los escarabajos de la familia de los escolítidos (Scolytus sp.).


Finalmente, episodios naturales de origen climático (nevadas, vientos, lluvias torrenciales y granizadas) pueden provocar la destrucción de grandes extensiones de bosque en pocas horas. A este destrozo físico de la vegetación, hay que sumar el efecto negativo de las plagas y enfermedades, que aprovechan las heridas abiertas en troncos y ramas para multiplicarse y aumentar así los daños.

Consorci del Parc Natural de la Serra de Collserola
Ctra. de l'Església, 92. 08017 Barcelona. T: 932 803 552

MAPA WEBCONTACTOAVISOS LEGALES

Esta web utiliza cookies de terceros para recopilar información estadística sobre las consultas recibidas. Si sigue navegando, consideramos que lo accepta.