Encinar con robles | Foto: Robert Peña / Archivo Parque
La gestión forestal del Parque se desarrolla mediante diferentes líneas de trabajo que van desde la redacción de Planes técnicos de gestión y mejora forestal (PTGMF) de los bosques públicos, a la prevención de incendios, el seguimiento de las repoblaciones,  el control de las plagas forestales o las invasiones biológicas.

El Parque Natural de Collserola tiene un ámbito territorial de 8.295 hectáreas que incluye parte de los nuevo municipios consorciados, de las cuales unas 3.200 hectáreas son de propiedad pública.

La redacción de los Planes Técnicos de Gestión y Mejora Forestal (PTGMF) de los bosques públicos de Collserola se hace gracias a la concesión de la explotación de estos terrenos a empresas privadas, que  redactan los Planes, siempre con el seguimiento de los Servicios Técnicos del Consorcio. Como principal contrapartida, las empresas ejecutan este plan y  extraen biomasa forestal. El aprovechamiento de la biomasa se ha convertido, pues, en una oportunidad para la mejora de la gestión de nuestros bosques.

Cuando hablamos de prevención de incendios, la eliminación del sotobosque, la llamada “limpieza de bosque”, es la medida preventiva que se considera, popularmente, más necesaria. Es un término poco afortunado, porque a menudo se confunde la vegetación densa y lianosa, típicamente mediterránea, con la suciedad y el abandono. Para eliminar de manera generalizada el sotobosque, las talas se tendrían que hacer de forma reiterada y frecuente, porque las especies son básicamente rebrotadoras. Esto, además de significar un coste económico elevado, generaría una cantidad de residuos vegetales difíciles de eliminar.

En general, en el parque, el control del sotobosque se limita a los márgenes de los caminos, a las periferias de las urbanizaciones y a las áreas de recreo, donde el riesgo de incendio es más elevado. Son las llamadas franjas de protección, en las cuales se elimina el estrato arbustivo y un determinado número de árboles, a ambos lados de las pistas forestales, para reducir la masa de vegetación. El objetivo de las franjas de protección no es tanto llegar a detener el fuego como facilitar las tareas de extinción, consiguiendo tiempo de maniobra y fuga.

Si bien es cierto que al reducir la biomasa se reduce la combustibilidad, también lo es que aumenta la inflamabilidad, es decir, la facilidad con que se puede encender la vegetación. Al eliminar la vegetación, disminuye la humedad relativa del aire y aumenta la luminosidad en la zona. Las nuevas condiciones ambientales favorecen la aparición de especies más adaptadas a la sequía, pero mucho más inflamables, como por ejemplo las plantas aromáticas.

Por la misma razón, tampoco se hacen cortafuegos. El cortafuego se puede convertir en un corredor por donde el fuego avance con más velocidad al encontrar poco combustible y unas condiciones de inflamabilidad muy altas. Con el mismo criterio, tampoco se elimina toda la vegetación que hay bajo las líneas eléctricas de alta tensión, sólo la que supera la altura de seguridad.

Las actuaciones forestales después del fuego acostumbran a ir acompañadas, normalmente, de una cierta polémica en relación a la conveniencia de sacar los troncos de los árboles muertos. En la sierra, tenemos buenos ejemplos de regeneración de la vegetación en zonas donde no se ha hecho ninguna intervención forestal. Por eso, la extracción de los troncos quemados no es una actuación prioritaria, y todavía menos si tenemos en cuenta que esto obliga la avifauna forestal a desplazarse del lugar. Tengamos en cuenta que la regeneración del bosque se acelera gracias a la diseminación que hacen estos pájaros al ponerse sobre los árboles quemados.

La conveniencia o no de las repoblaciones es un tema que hay que considerar. En los años cuarenta se repoblaron muchas zonas de la sierra, sobre todo en la vertiente de Barcelona. El año 1985 se llevó a cabo nuevamente un plan de repoblación, en total unas cien hectáreas, básicamente de pino piñonero (Pinus pinea).

Actualmente, las repoblaciones sólo se hacen en las zonas quemadas que ya habían sido repobladas anteriormente. La buena regeneración natural que experimenta la vegetación mediterránea no hace necesaria la repoblación. Además, hay que tener presente que la gestión del medio natural tiene como prioridad el mantenimiento de la diversidad biológica y la conservación y mejora del mosaico de paisajes existente en la sierra.

La vegetación de ribera es la comunidad vegetal que presenta más dificultades a la hora de recuperar los espacios perdidos, debido a la separación física entre torrentes, que hace difícil la recolonización natural de su hábitat. Por eso, en los últimos años se han hecho algunas plantaciones puntuales de vegetación de ribera.

 

Seguimiento de una repoblación a Can Baró | Foto: Archivo Parque

Respecto a los azotes forestales, hay que destacar la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa), que afecta cíclicamente algunas zonas de la sierra. Desde el 1991, se hace un control anual del vuelo de machos adultos mediante trampas de feromonas. A partir de finales de octubre, únicamente cuando es necesario, se hacen tratamientos fitosanitarios en repoblaciones jóvenes y a las áreas más frecuentadas por los visitantes, como medida de prevención de los casos de alergia.

Periódicamente,  puede haber una cierta incidencia del escarabajo perforador de los pinos (Tomicus destruens), del cual se hace un seguimiento visual de la población. En las épocas de más incidencia, se talan y se retiran los troncos de los pinos afectados.

Al observar las encinas, nos damos cuenta que algunas tienen parte del ramaje seco. Se trata de una enfermedad producida por dos especies de insectos homópteros (Kermococcus vermilio y K. roboris),que seca los ramas, pero que no llega a poner en peligro la supervivencia del árbol.

En cuanto a enfermedades, el que se observa más fácilmente son los efectos del hongo Ceratocystis ulmi, causante de la grafiosi o enfermedad holandesa del olmo, que empieza secando las puntas de las ramas a partir de finales de primavera y puede llegar a provocar la muerte del árbol. Los transmisores de este hongo son los escarabajos de la familia de los escolítidos (Scolytus sp.).

Finalmente, episodios naturales de origen climático (nevadas, ventadas, lluvias torrenciales y granizadas) pueden provocar la destrucción de grandes extensiones de bosque en pocas horas. A este destrozo físico de la vegetación, se  tiene que sumar el efecto negativo de las plagas y enfermedades, que aprovechan las heridas abiertas en troncos y ramas para multiplicarse y aumentar así los daños.

En tot el Parc, transportades directament o indirecta per la mà de l’home, s’hi han introduït plantes i animals de regions remotes que mai no hi haurien pogut arribar pels seus propis mitjans. Algunes d’aquestes espècies exòtiques tenen un gran poder invasor i posen en perill la biodiversitat i els ecosistemes locals.

Des de fa anys el seguiment i el control d’aquestes espècies preocupa i ocupa els serveis tècnics del Parc, que treballen per conèixer bé la dinàmica i la incidència de la seva expansió i per trobar mesures eficients per a la eradicació o mitigació de les seves poblacions.

La complexitat del fenomen requereix també una tasca important de divulgació per donar-lo a conèixer i crear consciència, especialment perquè sovint el problema s’agreuja simplement perquè no és percebut com a tal.

En la vegetación es donde hoy por hoy se evidencia más el impacto de las invasoras y donde se han dedicado más esfuerzos para estudiarlas y controlarlas. En estas páginas encontraréis mucha información sobre las plantas exóticas de la sierra y todo el trabajo de gestión que se  hace.

Desde el Ayuntamiento de Barcelona tambien se está llevando a cabo un plan ambicioso para conocer y controlar el fenómeno de las invasiones, que cuenta con la estrecha colaboración del Parque.

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